lunes, 7 de diciembre de 2015

CAPITULO 3

– 3 AÑOS ATRÁS. –



– ¡Anda Justin! ¡DEBES ESTAR BROMEANDO! –  le dije mirándolo aun confundida ante lo que me había dicho.

– Solo serán algunos días, de verdad ella me gusta mucho…–  dijo mirándome con suplica.

– A ver… ¿tú dices que me haga pasar por tu novia para causarle celos? –  lo mire, él asintió. –  Eso no podría ser, todos saben que vivimos juntos desde pequeños, algunos hasta nos creen hermanos…–  lo mire sin poder creerme lo que me había propuesto.

– Vamos linda, velo de esta manera. –  me abrazo y miro hacia adelante como si se fuera a plasmar una película frente a nosotros. –  Te funcionara a ti para darle celos a Alejandro y yo a Leticia.

– Estas jodido de la cabeza. –  dije separándome de él. –  ¿Cuándo se te ha ocurrido que quiero ocasionarle celos? Tú eres el que quiere ocasionar  celos, además hace más de dos semanas que nos dejamos.

– Vamos Briggy…–  me tomó por los brazos mientras me miraba a los ojos. –  Devuélveme el favor…–  hizo puchero.

– ¿Devolverte el favor? –  lo mire sin entender.

– Recuerda… en el tercer año del colegio… me hice pasar por tu novio. –  me miro. –  Porque ahora tú no puedes hacer lo mismo.

No lo recordaba, él se había hecho pasar por mi novio en tercer año del colegio, cuando un par de chicos estaban tras de mí y no me dejaban en paz. –   No puedo. –  dije y comencé a caminar hacia la sala.

– ¿Cómo que no puedes? por favor ___. –  dijo mientras venía tras de mí.

– No. –  dije sería mientras seguía de largo a mi habitación.

– ¿Por qué no?

– ¡PORQUE AHORA TODO ES DIFERENTE! –  dije mientras me daba la vuelta y lo miraba. Él se mantuvo quieto y callado. Yo me quede callada mirándolo, no podía ser, no, esta no era yo.

¡CLARO QUE SI! Esta era yo, me había… no, no podía ser posible, no podía ser que me estuviera gustando Justin, él… él es como mi hermano, yo no debo mirarlo con esos ojos, yo… ¡JODER! Me había jodido completamente, yo no podía enamorarme de él. No puedo.

– Anda ___... –  tomo mi mano, lo mire, sus ojos… sus labios, estaba deseando besarlo, como era posible que no hubiese notado antes lo lindo y hermoso que él era. Asentí  embobada, pero me estaba abriendo mi propio hueco donde me enterrarían. –  ¡LO SABÍA! ¡SABÍA QUE ACEPTARIAS! –  dijo y me abrazo con fuerza, dio algunos besos en mi mejilla y alboroto mi cabello un poco, solo sonreí, estaba en shock, yo estaba mirando a Justin de una manera prohibida. Me senté en el sofá, sin mencionar palabra alguna, embobada en el recuerdo de su sonrisa, y su mirada.



Los días siguieron en marcha, las evaluaciones de la universidad me tenían como loca, y Justin… realmente terminaría encerrada en un manicomio, Justin me mantenía ocupada, paseándome frente a la chica que le gustaba, yo solamente hacia lo que él me decía, aunque… a veces, no lo fingía, y ¡JODER! Muy tarde me eh dado de cuenta…. Me terminaría enamorando de él.

Pensé muchas veces en decirle que me gustaba, pero sabría que él no me vería de esa manera, y nuestra relación como mejores amigos y como casi hermanos se distorsionaría.

Salí de la ducha y seque mi cabello, me coloqué un short y una camiseta de tirantes, peine mi cabello húmedo y luego me mire en el espejo para rectificar que todo tuviera en su lugar aunque solamente fuera pijama. Estábamos en nuestros respectivos cuartos, mire mi celular, pero, no era hora de escribirle amigos, era muy tarde así que solo me metí a la cama y apague las luces, mire en la oscuridad, esto me iba a matar, y yo misma estaba cavando mi hueco.

La lluvia comenzó a caer y se volvió fuerte, escuche la puerta de mi habitación abrirse, pero supuse que solo imaginaba. –  ¿___? –  escuche un susurró. No estaba imaginando para nada. Abrí mis ojos y me mantuve callada. –  ¿Estabas dormida? –  susurró. Gemí diciéndole que sí, aunque realmente no había podido conciliar el sueño. –  Puedo meterme a la cama contigo…–  dijo. Sonreí.

– No estas ya muy grande como para tenerle miedo a una lluvia…

– No es una simple lluvia. –  susurró y se sentó en la horilla de la cama. –  Es una tormenta. –  suspiró. –  Anda, déjame quedarme contigo esta noche.

– Justin no podemos…–  dije cerrando mis ojos, aunque no sabía si lograba verme en la oscuridad de la habitación.

– ¿Por qué? Es como antes, anda.

– Antes estabas pequeño, estábamos pequeños, ni siquiera venias a mí.

– Iba a que la abuela, ahora no está ella…–  guardo silencio. –  Déjame quedarme por favor…

– Justin, tu miedo es muy estúpido. –  sonreí. –  La casa no se derrumbara, el techo no caerá, en tal caso que así pasara yo no tengo escudo protector para cuidarte de eso.

– Lo sé, pero no estaré solo en el momento… anda…

– No podemos Justin. –  suspire. –  Somos ya mayores… tu

– ___... –  escuche en susurro mi nombre y sentí que se movió en mi cama. –  ¿Qué temes?

– Yo no le temo a nada. –  dije nerviosa.

– Déjame quedarme contigo esta noche…–  mi piel se colocaba caliente ante sus palabras, y la sangre subía a mi cabeza.

– Justin entiende que…–  le sentí cerca, podía sentirlo mientras se movía en la horilla de mi cama. –  Deberías irte a tu cuarto…–  dije y abrí mis ojos aunque no lograba ver nada más que la oscuridad.

– ¿Tienes miedo? –  dijo y sentí su mano tocar mi cabello, ¿Cómo era posible que él lograra verme en la oscuridad?

– No, no sé de qué… hablas. –  dije tartamudeando.

– ¿Por qué no lo aceptamos? –  susurró, yo había quedado sin voz, no podía pronunciar ninguna palabra. –  Ya no nos miramos con los mismos ojos de antes…–  y ahora mismo estaba muriendo por dentro, estaba más que nerviosa, ¿feliz?

– No sé de qué hablas Justin…–  dije.

– Sé que te gusto, y estos días mientras fingíamos ser novios… no puedo negar que me has terminado gustando…–  OK. Lo acepto, si fuera estado de pie las piernas me hubiesen flaqueado y hubiese muerto al instante.

– Yo… no sé

– Si sabes de que hablo. –  dijo y pude escuchar su sonrisa. Sus dedos acariciaron mi cabello, mi oreja… mi mejilla….

Me moví rápidamente levantándome de la cama y encendiendo la luz. –  Creo que…–  dije sin mirarlo, tal vez lo hice, pero muy poco. –  Creo que está pasando la lluvia… ya no es necesario que te quedes acá. –  lo mire. Él estaba sentado en la horilla de la cama, con un suéter color carne, y su shorts blanco que llegaba por debajo de su rodilla como a los basquetbolistas. Él me sonreía. –  ¿De qué te ríes? –  le pregunte.

– Tú linda…–  se puso de pie y camino hacia mí, tragué saliva. –  No tengas miedo de aceptarlo…–  humedeció sus labios mientras mantenía sus ojos en los míos. –  Estamos bien grandecitos como para saber que está mal y que está bien. –  llego a mí. Baje la mirada.

– Eres mi hermano Justin. –  dije tragando saliva.

– Eso es lo que algunos piensan o creen… tu y yo sabemos que no es así.

– Pero…

– No hay peros linda…–  tomo una hebra de cabello y la puso tras de mi oreja, podía jurar que temblaba y mis manos estaban frías. –  Estamos en la edad de quedarnos con la culpa y no con las ganas…–  susurró, tomo mi mentón y me obligo a mirarlo. –  Sé que te gusto… y tú me gustas…

– Justin…–  dije mirando sus ojos, le vi humedecerse los labios. –  Esto no puede pasar….

– ¿Quién dice que no? –  dijo y se acercó más a mí, se inclinó y respiro en mi cuello…–  Solo pasara si así lo quieres…–  deposito un beso corto en mi cuello. –  Si no quieres… nada cambiara entre nosotros…–  Asentí embobada, sus labios húmedos rozaban mi cuello. Me acerqué un poco más para que su labios se pegaran a mi cuello. –  No estés nerviosa. –  colocó sus manos en mi cintura mientras daba pequeños besos en mi cuello y mi hombro izquierdo.

– ¿Esta bien esto? –  pregunte.

Él se enderezo y me miro a los ojos. –  Solo si eso queremos. –  sonrió, asentí. Él se acercó más a mí mientras nos mirábamos a los ojos, se inclinó lentamente hasta que sus labios estuvieron cerca, muy cerca de los míos, podía sentir su aliento, cerré mis ojos y termine de unir nuestros labios. Sus manos presionaron mi cintura, lleve mis manos a su cuello, lo halé, lo pegue a mí, mordisqueamos nuestros labios, me pego contra la pared haciendo que tocara el interruptor de la luz y se apagara, gemí, agarré el cabello de su nuca y acarició mi cuerpo, sus labios bajaron por mi cuello, hasta mi hombro izquierdo, con una mano deslizo el tirante y besos con más libertad la piel de mi hombro.

Se bajó un poco y tomo mis piernas, me despego del suelo y mantuve mis piernas a ambos lados de él. Se dio la vuelta despegándome de la pared y caminando con prisa hasta tropezar con la cama y caer en ella y él encima de mí. Sonreímos, estábamos locos, mis manos pararon en su abdomen y levantaron el suéter, lo quite, su pecho quedo descubierto y lo acaricie, él se estremeció ante mi tacto, su mano se encontraba en mi cadera y acariciaba lentamente mientras subía la camiseta, tome sus rostro entre mis manos y lo bese.

En pocos minutos nuestros cuerpos estuvieron despojados de la ropa, y sus labios ahora estaban en mi vientre, yo mantenía mis ojos cerrados, era una sensación increíble. – Justin…–  susurré.

– Lo sé… todo estará bien. –  me dijo y solté el aire que me quedaba dentro. –  No estés nerviosa cariño. –  me dijo y… ese momento me entre a él, en cuerpo y alma.

Los gemidos adornaron la noche, un par de lágrimas cayeron de mis ojos, cuando me entregue completamente, me había convertido completamente en mujer, él fue delicado, considerado, comprensivo… nuestros cuerpos quedaron sobre mi cama, estábamos agotados, un gran estruendo sonó en el cielo y lo hizo brincar, yo rompí en risa, él se sostuvo sobre su brazo y me quede debajo de él. –  Eres hermosa… no sé cómo no puede verlo antes…–  me dijo, me sonroje, pero él no lo notó, estábamos en la oscuridad. Comenzamos a besarnos nuevamente, esta vez sin las ganas de entregarnos, sino con las ganas de solo besarnos. Reí cuando él beso locamente mi cuello, lo empuje y luego nos quedamos quietos, él se acostó boca arriba con su brazo derecho debajo de su cabeza, yo me volteé, puse mi cabeza en su pecho y la mitad de mi cuerpo estuvo sobre el de él.

– ¿Qué pasara mañana? –  pregunte. –  Cuando amanezca y se haga de día… ¿Cómo estaremos?

– Felices… y todo será mejor que antes. –  dijo y deposito un beso en mi cabeza, sonreí.

– Dormiré…

– Dormiremos nena…–  corrigió, sonreí.

– Nos arrepentiremos de esto…–  dije sonriendo por lo loco que estábamos.

– No te daré motivos para que eso suceda. –  dijo, sonreí satisfecha. Aunque estaba preocupada por saber si seriamos novios o no… no podía preguntarlo, es como cuando la mujer le dice al hombre ´te amo´ a veces se ven obligados a responderlo, y no quiero que él responda que sí por el tan solo echa de que me entregue a él. –  ¿Es que piensas? –  preguntó, negué con un movimiento de cabeza mientras daba una pequeña sonrisa. –  Anda dime…

– En nada…–  dije mordiéndome el labio, claro que no lograba verme, mi cabeza aun reposaba en su pecho.

– ¿Quieres que seamos algo? ¿Quieres ser mi novia? –  abrí mis ojos, ¿estaba leyendo mi mente?

– ¿Por qué llegas a esa decisión? –  dije riendo como si no pensara eso.

– Es lo que todos creen, es lo que queremos…–  oprimí una gran sonrisa. –  Así no debemos fingir más…

– ¿Y la chica? La que te gustaba, la que le ocasionábamos celos…

– No sé si escuchaste bien cuando te lo dije…–  sonrió. –  En el transcurso de eso se abrieron mis ojos, y me di de cuenta la hermosa mujer  que tenía a un lado, tú, y…. eso me hizo olvidarme de algunas otras chicas…–  dijo, asentí… no quería creerme todo, me fue mejor pensar que decía todo eso para no hacerme sentir mal, aunque muy dentro de mí, lo creí.

– La lluvia seso…–  sonreí. –  ya puedes irte a tu cama.

Él bufó y rio. –  ¿En realidad lo creíste? –  acaricio mi cabello. –  Venía con intenciones de decirte lo mucho que me gustas…

– ¿Y tú miedo se fue?

– Desde que la abuela murió… eh aprendido a sobrellevarlo… aunque a veces me asusto demasiado y necesito venir acá. –  sonreí.

– Entonces… ¿has venido con estas intenciones?

– Realmente no esperaba terminar así…–  mordí mi labio mientras lo escuchaba. –  Pero… quería acertar con la idea de que si te gustaba y no solo eran ilusiones mías. –  sonrió.

– Si fuera sido así…–  sonreí. –  Si no me gustases, me fuese burlado de ti…

– Lo sé, te conozco, y eso temía. –  sonrió.

– ¿Recuerdas él día que te pedí que fingieras ser mi novio en el colegio?

– Si…

– Era porque de verdad me gustabas y no quería que tuvieras otra novia. –  sonreí. –  Pero luego… conocí otros chicos y me gustaban, y a ti comencé a verte como mi hermano…–  guarde silencio. –  Hasta hace unas semanas atrás cuando me dijiste que fingiera ser tu novia….

– Tu siempre me has gustado…–  dijo, sonreí.

– No digas bobadas. –  dije riendo. –  Aun puedo tratarte como hermano y darte un par de golpes. –  él rió.

– ¿Tienes sueño? O ¿quieres hacer algo?

– ¿Tu… tienes sueño?

– No…

– Hagamos algo. –  dije sonriendo. Un transformador de la calle reventó y la luz se fue. Nos quedamos en silencio, la lluvia aún seguía pero suave. –  Creo que será más divertida la noche. –  le dije sabiendo que él le temía a la oscuridad.

– Eres cruel.

– Ve por un par de velas a la cocina. –  le dije sentándome en la cama mientras sostenía la manta que me cubría.

– ¿De verdad? –  dijo sin ánimos. Reí.


– Iré yo idiota.

martes, 1 de diciembre de 2015

CAPITULO 2


“El criminal Justin Bieber se ha vuelto a salir con la suya y ha escapado de la condena que lo sentenciaría a muerte, fueron sus cargos quitados ya que el Juez le declaró inocente del asesinado de tres cuerpos policiales y el robo de un banco” escuche el noticiero en la tv y rodé mis ojos, él había vuelto a salirse con la suya,  suspiré sin ni siquiera darme el momento de pensar en el o de saber dónde estaría él. Él había sido un lapso de mi vida, mi vida pasada, ahora, él no existía para mí ni yo para él.

Baje volumen a la tv y tome nuevamente las hojas de papel que estaban en la mesa y continué leyendo la vida de los criminales que ahora yo investigaba, criminales a mi alcance, criminales en… China.

Exactamente yo no era un policía, no, ni mucho menos pertenecía a un cuerpo policial. Yo… solamente era una chica que con un par de entrenamiento se le adelantaba a los policías y daba sentencia a los criminales, si acepto que un par de veces me pidieron mi ayuda, y les ayude, ¿por qué no? Si nuestra meta eran las mismas, aunque siempre yo… les llevaba un paso adelante a pesar de hacer mis trabajos sola, o a veces con un par de amigos.

Mire la tv, estaban pasando el momento donde Justin salía de la prisión, rostro abajo, suéter con gorro, y por supuesto “sin dar la cara”– Sigues siendo el mismo idiota de siempre. – susurré para mí misma y volví a poner mi atención en los archivos frente a mí.

–Deberías ponerte en contacto con él y así dejar tu alma tranquila…– dijo El Maestro llegando a mí, bueno, no me había dado de cuenta en el momento que llego a la casa.

–Tengo mi alma en paz Maestro. – dije sin girar a verle.

–Sé que no, sé que tú sabes que no, pero eres tan porfiada… ni tú misma sabrías que quieres ahora mismo…– dijo y le mire, se sonreía un poco.

–Se lo que quiero a mis  casi 24 años. – dije sonriendo ya que solo faltaba un día para cumplirlos. – Quiero atrapar a estos criminales. – dije alzando las hojas de papel.

–Ya cumplirás tus 24, si no me equivoco ya el cumplió sus 25 hace más de un mes…

– ¿Y eso qué?

–El destino niña. – dijo como si fuera mi padre y camino hasta sentarse en un sofá.

–Sabe que deje de creer en eso Maestro.

–Aun así… el destino sigue escrito, tú debes curar tu alma, debes de quitar ese rencor guardado que tiene allí dentro…

–Mi alma. – bufé. – Maestro recuerde que limpio mi alma cuando lo encontré…– dije sonriendo.

–Niña tonta, limpie tus chacras…– dijo y rió. Reí.

–En fin Maestro. – deje lo que estaba haciendo sobre la mesa y fui hasta donde estaba él, me senté en el suelo frente de él. – Necesito un gran favor. – di una sonrisa de complicidad con esperanza de que la devolviera.

–No. – dijo serio y suspiro.

– ¿Qué? ¿Por qué no? – dije confundida.

–No hasta que saques ese rencor de tu alma.

–Maestro, lo eh sacado, ya ni me importa, no me duele, no lo odio… bueno al menos no siento eso ya. – dije y le sonreí. – Vea…– le mostré la cadeneta que tenía en mi mano, esa que Justin me había dado la primera vez que nos vimos cuando éramos niños. – Si lo odiase no la tuviese puesta.

–Es porque tienes una esperanza… de verle y curar tu alma.

– ¡Maestro! – lo mire sería. – Deje de porfiar, usted podrá saber mucho, pero créame, a pesar del rencor que sienta por él o que no sienta, necesito que me ayude, necesito su favor.

– ¿Sobre qué?

–Comunique a los chicos que ya eh encontrado a J. McCan y dígales que necesito de sus ayudas.

–Te eh dicho miles de veces que no eres ninja…– me miro.

–Y las miles de veces que me lo ha dicho los eh atrapado, siendo ninja o no, estando acompañada o no. – dije y suspire sin querer frustrarme. – Dígame si iré sola o cuento con los chicos.

– ¿Necesitas solo tres?

–Sí, los de siempre.

–Sabes que son los mejores….

–Sabe usted que en la evaluaciones echa por usted misma yo los eh superado…– sonreí. – Pero ese no es el caso Maestro. – puse mis manos en sus piernas. – Nosotros conformamos un gran grupo y eso me hace sentir confiada de hacer mis tareas…

– ¿Por qué te empeñas en esos criminales?

–Porque si, es sentir adrenalina, es sacar mi furia contra ellos y llevarlos a la prisión o al otro mundo. – sonreí encogiéndome de hombros.

–Me comunicare con ellos…– dijo serio. – En la tarde casi noche ellos deben estar aquí… mientras…. Dame mi taza de té.

–Se la estaba guardando. – dije sonriendo y me levante a buscarle la taza de té.

La entregue en sus manos, me miró, y luego miro el té. Tomo un sorbo. – Finalmente has aprendido. – dijo, sonreí.

–He hecho mis tareas Maestro, si desea puede verlas.

–Niña, eso era cuando te entrenaba. – sonrió. – eso dejo de suceder hace ya un año, ahora eres una perfecta alumna. – dijo, reí.

–Gracias a usted. – le dije y me incline, como en sus costumbres. Él se sonrió.

–Ve a seguir investigando para que no pierdas nada de vista…. – dijo.


–Lo tengo todo realizado, solo faltan los chicos, y mañana en la noche estará echo todo. – sonreí entusiasmada.

Realmente sentía algo de rencor por él... pero... no debía demostrarlo, no debía dejar que eso se apoderará de mí, a demás, él había quedado enterrado para mi hace unos años atrás.

Y TU... ¿ODIAS A ALGUIEN?