“El criminal Justin
Bieber se ha vuelto a salir con la suya y ha escapado de la condena que lo
sentenciaría a muerte, fueron sus cargos quitados ya que el Juez le declaró
inocente del asesinado de tres cuerpos policiales y el robo de un banco”
escuche el noticiero en la tv y rodé mis ojos, él había vuelto a salirse con la
suya, suspiré sin ni siquiera darme el
momento de pensar en el o de saber dónde estaría él. Él había sido un lapso de
mi vida, mi vida pasada, ahora, él no existía para mí ni yo para él.
Baje volumen a la tv y tome nuevamente las hojas de papel
que estaban en la mesa y continué leyendo la vida de los criminales que ahora
yo investigaba, criminales a mi alcance, criminales en… China.
Exactamente yo no era un policía, no, ni mucho menos
pertenecía a un cuerpo policial. Yo… solamente era una chica que con un par de
entrenamiento se le adelantaba a los policías y daba sentencia a los
criminales, si acepto que un par de veces me pidieron mi ayuda, y les ayude,
¿por qué no? Si nuestra meta eran las mismas, aunque siempre yo… les llevaba un
paso adelante a pesar de hacer mis trabajos sola, o a veces con un par de
amigos.
Mire la tv, estaban pasando el momento donde Justin salía de
la prisión, rostro abajo, suéter con gorro, y por supuesto “sin dar la cara”–
Sigues siendo el mismo idiota de siempre. – susurré para mí misma y volví a
poner mi atención en los archivos frente a mí.
–Deberías ponerte en contacto con él y así dejar tu alma
tranquila…– dijo El Maestro llegando a mí, bueno, no me había dado de cuenta en
el momento que llego a la casa.
–Tengo mi alma en paz Maestro. – dije sin girar a verle.
–Sé que no, sé que tú sabes que no, pero eres tan porfiada…
ni tú misma sabrías que quieres ahora mismo…– dijo y le mire, se sonreía un
poco.
–Se lo que quiero a mis casi 24 años. – dije sonriendo ya que solo
faltaba un día para cumplirlos. – Quiero atrapar a estos criminales. – dije alzando
las hojas de papel.
–Ya cumplirás tus 24, si no me equivoco ya el cumplió sus 25
hace más de un mes…
– ¿Y eso qué?
–El destino niña. – dijo como si fuera mi padre y camino
hasta sentarse en un sofá.
–Sabe que deje de creer en eso Maestro.
–Aun así… el destino sigue escrito, tú debes curar tu alma,
debes de quitar ese rencor guardado que tiene allí dentro…
–Mi alma. – bufé. – Maestro recuerde que limpio mi alma
cuando lo encontré…– dije sonriendo.
–Niña tonta, limpie tus chacras…– dijo y rió. Reí.
–En fin Maestro. – deje lo que estaba haciendo sobre la mesa
y fui hasta donde estaba él, me senté en el suelo frente de él. – Necesito un
gran favor. – di una sonrisa de complicidad con esperanza de que la devolviera.
–No. – dijo serio y suspiro.
– ¿Qué? ¿Por qué no? – dije confundida.
–No hasta que saques ese rencor de tu alma.
–Maestro, lo eh sacado, ya ni me importa, no me duele, no lo
odio… bueno al menos no siento eso ya. – dije y le sonreí. – Vea…– le mostré la
cadeneta que tenía en mi mano, esa que Justin me había dado la primera vez que
nos vimos cuando éramos niños. – Si lo odiase no la tuviese puesta.
–Es porque tienes una esperanza… de verle y curar tu alma.
– ¡Maestro! – lo mire sería. – Deje de porfiar, usted podrá
saber mucho, pero créame, a pesar del rencor que sienta por él o que no sienta,
necesito que me ayude, necesito su favor.
– ¿Sobre qué?
–Comunique a los chicos que ya eh encontrado a J. McCan y
dígales que necesito de sus ayudas.
–Te eh dicho miles de veces que no eres ninja…– me miro.
–Y las miles de veces que me lo ha dicho los eh atrapado,
siendo ninja o no, estando acompañada o no. – dije y suspire sin querer
frustrarme. – Dígame si iré sola o cuento con los chicos.
– ¿Necesitas solo tres?
–Sí, los de siempre.
–Sabes que son los mejores….
–Sabe usted que en la evaluaciones echa por usted misma yo
los eh superado…– sonreí. – Pero ese no es el caso Maestro. – puse mis manos en
sus piernas. – Nosotros conformamos un gran grupo y eso me hace sentir confiada
de hacer mis tareas…
– ¿Por qué te empeñas en esos criminales?
–Porque si, es sentir adrenalina, es sacar mi furia contra
ellos y llevarlos a la prisión o al otro mundo. – sonreí encogiéndome de
hombros.
–Me comunicare con ellos…– dijo serio. – En la tarde casi
noche ellos deben estar aquí… mientras…. Dame mi taza de té.
–Se la estaba guardando. – dije sonriendo y me levante a
buscarle la taza de té.
La entregue en sus manos, me miró, y luego miro el té. Tomo
un sorbo. – Finalmente has aprendido. – dijo, sonreí.
–He hecho mis tareas Maestro, si desea puede verlas.
–Niña, eso era cuando te entrenaba. – sonrió. – eso dejo de
suceder hace ya un año, ahora eres una perfecta alumna. – dijo, reí.
–Gracias a usted. – le dije y me incline, como en sus
costumbres. Él se sonrió.
–Ve a seguir investigando para que no pierdas nada de vista….
– dijo.
–Lo tengo todo realizado, solo faltan los chicos, y mañana
en la noche estará echo todo. – sonreí entusiasmada.
Realmente sentía algo de rencor por él... pero... no debía demostrarlo, no debía dejar que eso se apoderará de mí, a demás, él había quedado enterrado para mi hace unos años atrás.
Y TU... ¿ODIAS A ALGUIEN?
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